5.8.11

YO POR ELLA.

YO POR ELLA.

Vio a un Cristo escandinavo y le escupió la cara, odiaba los estereotipos de belleza.

Ella se encontraba a la inversa de cada vida; aullando en las esquinas del sonido; con redes de luz para atrapar polillas sagradas o espíritus santos hecho de falacias.

Estaba acostumbrada al cilicio en las almas; al martillo fálico roncando sobre los pocos; a la culpa como nido de piedra desgastando el paso.

Vio a un Cristo escandinavo y le arrancó la mejilla. Con los dientes rojos de rabia maldijo al mentiroso, que confundido, sus ojos azules se extirpó para que volaran a lo ancho de la falsedad del hombre.

Se arrodilló ante ella que era un gigante impetuoso, desnudo, y le dio su corazón zurcido en oro y vergüenza.

Ella lo aceptó, luego lo masticó con inquina.

Se rajó la piel del vientre, y a ese Cristo rubio en bolsa marsupial  lo arrulló.

Era su naturaleza sublime la que hablaba siempre bondadosa.

Sólo tenía pena tatuada en su inhalación foránea.

Sólo tenía pena.

Era eso… Pena.

1 comentario:

claudia dijo...

me gusta que la poesía rasgue la piel, que las palabras acaricien o escupan las mejillas, que más da.Al final se sabe que lo sublime ,lo que habla, es siempre la pena. Te invito a pasar por este sitio. Saludos desde Argentina. http://levedadelsigno-ser.blogspot.com/